Adelantar el fin de la pandemia es posible

Por: Nelson Fernando Mariño M.Sc.

A diferencia de la pandemia de 1918, para esta del covid, a menos de un año de haber iniciado, ya se tenían disponibles vacunas seguras y eficaces que podían disminuir la severidad y riesgo de muerte entre 80 y 94 %, según la plataforma de uno de los nueve proveedores ya aprobados en la mayoría de países.

Se estima que para este año 2021, se producirán más de 8.600 millones de dosis de diferentes proveedores con las que se podrían vacunar (con esquema completo de dos dosis) a más del 50 % de la población mundial (incluidas las alrededor de mil millones de personas mayores de 60 años).

Si bien la vacuna sigue siendo un recurso insuficiente para vacunar a toda la población, podría hacerse una mejor distribución. Es bien conocido que el covid afecta a población adulta mayor y/o con ciertas comorbilidades, en particular a las personas inmunosuprimidas. Aun sin conocer el número preciso de personas de este grupo, con seguridad es mucho menor que las vacunas ya disponibles.

Como se ha indicado desde el inicio, la distribución y aplicación de vacunas ha sido inequitativo, a pesar de que a nivel global para final de noviembre se han superado 8 mil millones aplicaciones, países como Portugal o Singapur superaron el 85 % de cobertura de su población, mientras que Haití o Nigeria cubren menos del 3 %.

La inequidad en distribución de vacunas es foco de críticas de parte de los gobiernos de países de menores recursos y organizaciones como la ONU. Lo que parece pasar inadvertido es que esa inequidad genera ineficiencias que prolongan la pandemia.

Hasta ahora las vacunas han resultado efectivas, pero una de las grandes amenazas es que dicha efectividad disminuye por la aparición de nuevas variantes, con el riesgo de reinfección derivado y el potencial “escape inmunitario” que representa.

Justo la noticia de esta semana es “ómicron”, la nueva y temida variante que, con sus 32 mutaciones, agitó las redes sociales, bolsas de valores y sistemas de salud de todo el mundo, llevando a países como Alemania o Israel a un “déjà vu” de cierres de frontera y estigmatización, en particular hacia Sudáfrica, un país que, por hacer bien su tarea de rastreo genómico, reportó la nueva variante aun cuando hacía semanas el virus pudo haber traspasado fronteras en cualquier dirección.

¿Es posible reducir el chance de aparición de nuevas variantes?

La denominación de una variante se da para identificar una o varias mutaciones que se producen naturalmente en las especies. Usualmente son errores que se generan en el proceso de replicación del material genético, en este caso en el ARN del virus.

Algunas mutaciones generan cambios en el virus que pueden favorecer que no sea detectado por el sistema inmune humano y no los elimine del cuerpo. Si las mutaciones son beneficiosas para el virus, las variantes más exitosas prevalecerán y se reproducirán más eficientemente, como lo indica el principio de selección natural que Darwin y Wallace postularon.

En un paciente con covid severo el virus se replica millones de veces (“colonizando” su ambiente transitorio, el cuerpo humano), lo que le causará síntomas cada vez más severos o fuertes, pero en particular prolongará la duración de la enfermedad, dando más chance a réplicas y aparición de nuevas mutaciones. Este parece ser el más probable origen de “ómicron”como lo reporta la revista Science.

Las personas en las que es más probable que se pueda replicar el virus y tener una larga y severa convalecencia son adultos mayores, personas con algunas comorbilidades o inmunosuprimidas de cualquier parte del mundo. Esto es conocido y caracterizado desde hace más de 20 meses, aunque todavía no es clara la causalidad.

Si actuáramos en beneficio de todos en el planeta, a quienes deberíamos priorizar en vacunación es a ese grupo de personas, sin importar su nacionalidad. Así se reduciría el chance de que aparezcan nuevas variantes, lo que al final nos beneficiaría a todos.

En lugar de cerrar inútilmente fronteras y promover vacunación a personas que no son de riesgo, además de donar los excedentes de vacunas (algunas próximas a expirar), países ricos e instituciones como Covax o la OMS deberían estar ayudando a aquellos países de bajos recursos a diseñar redes, modelos y sistemas logísticos eficientes que permitan llegar lo más rápido posible, al mayor número de personas de dichos grupos.

Así mismo, de la mano de científicos sociales, trabajar en entender los temores y barreras locales que permitan persuadir y llegarle más fácilmente al ciudadano, sin medidas coercitivas ni policivas, sino educativas que tanta falta hacen.

La ciencia no falló, nos entregaron vacunas eficaces en tiempo récord, a lo que los inversionistas reaccionaron asignando cuantiosos recursos (amplísimamente recompensados) que permitieron incrementar las capacidades de producción a cifras hace un año insospechadas. Pero fallaron los políticos quienes hacen una pobre tarea de asignación y distribución de vacunas.

En lugar de estar buscando evidencia científica para justificar vacunar población de bajo o nulo riesgo de enfermedad severa, como jóvenes y menores, a los que tienen ya esquema completo o los ya contagiados, se debería buscar una asignación global óptima de las vacunas, un recurso todavía escaso para el mundo.

Claro que es más fácil vacunar niños o aplicar una tercera dosis a los ya vacunados, muchos atemorizados por las bulliciosas noticias. Pero este no es el esfuerzo requerido. Vacunar no vacunados o no contagiados será más efectivo y debemos procurar hacer la tarea necesaria, no la más simple.

Si se hiciera una asignación y distribución eficiente de las vacunas tal vez el paso de pandemia a endemia hubiese podido ser para este diciembre de 2021 sin prolongar esta compleja y dolorosa situación, desaprovechando las herramientas disponibles.

Para acabar más prontamente la pandemia en Alemania, Corea o Colombia, se deben enfocar los esfuerzos local y globalmente en las personas de mayor riesgo, así el país descienda posiciones en la equivocada carrera de la nación que más vacuna; esto lo puede evidenciar Israel o Emiratos Árabes, quienes, a pesar de tener muy alta cobertura, están nuevamente en infructuosos cierres.

De poco sirve  que gobernantes embelesados con indicadores locales, muestren que vacunan más que el país vecino; no parecen comprender que esta es una “carrera colectiva” que no se gana cuando termina el primero, sino el último. Desplegar equipos y campañas para acelerar la vacunación, particularmente en África, nos ayudará a todos a tener más chance de culminar más rápido con la pandemia.

A diario se escuchan grandilocuentes frases como “no estaremos seguros hasta que todos lo estemos”. ¿Pero quiénes son “todos”? ¿Los habitantes de mi casa, mi ciudad, mi país? Gobernantes y decisores deben comprender que en una pandemia se trata del planeta.

Acepto que es utópico creer que el mundo se vuelque la próxima semana a vacunar en Haití o Etiopía, o que miopes políticos vean más allá de sus fronteras y comprendan que además de equidad es un asunto de eficiencia y bien común. Este será otro fallido ejemplo de cómo la búsqueda de óptimos locales desvía el objetivo global, que era el único relevante.

 

Artículo publicado en La Silla Vacía
Fecha: 08/12/2021
Link publicación: https://www.lasillavacia.com/historias/historias-silla-llena/adelantar-el-fin-de-la-pandemia-es-posible/